Perdonar y recibir perdón

septiembre 5, 2017

Si algo debemos aprender los seres humanos todos los días es a perdonar. La tendencia natural de las personas en todo el planeta es a devolver ofensa con ofensa, golpe con golpe, traición con traición. Nada cuesta tanto a un mortal como el otorgar perdón cuando alguien le ha ofendido, traicionado o agraviado. Perdonar es una acción escasa entre los que no creyentes; pero también a los propios creyentes se les hace difícil perdonar, a pesar de tener el perfecto modelo de perdón. Perdonar no es algo que el ser humano practica de manera voluntaria, debido a que el orgullo y el ego están involucrados de una manera dominante, resultando ser algo en lo que nadie decide entrenarse de manera intencional.

Perdonar es algo que no es inherente a la naturaleza humana. Por ser seres imperfectos y egocéntricos, ningún ser humano puede modelar a sus congéneres el perdón y menos enseñarlos a perdonar. A perdonar sólo se aprende del único ser humano perfecto: Jesucristo. En el presente artículo exploraremos el tema del perdón orientado al liderazgo cristiano, quien debe ser el referente más cercano para que los creyentes practiquen el perdón genuino, tal como Jesucristo lo practicó en su ministerio. Todos debemos pedir a nuestro Maestro: “Muéstranos lo que es el perdón y enséñanos a practicarlo como tú”.

Jesucristo enseñó sobre el perdón a sus discípulos basado en principios y requerimientos que él mismo estaba dispuesto a cumplir. Cuando el enviado de Dios se enfrentó a sus angustiadores en la cruz pidió al Padre su perdón, pues la ignorancia había sido el motor de su pecado. ¿Qué dicen los salmistas y profetas del antiguo testamento sobre el carácter del Autor del perdón?

En el salmo 79:9 se nos dice que el Dios eterno perdona nuestros pecados por amor de su nombre. El profeta Isaías señala que nuestro Dios es quien borra nuestras rebeliones, deshaciéndolas como a nubes, y promete disipar de su memoria nuestros pecados como se deshace la niebla, destacando que él es un Dios amplio en perdonar (Isaías 43:25; 44:22; 55:7). Es así como Dios perdona. El profeta Daniel proclamó que “de nuestro Dios es el perdonar y el tener misericordia” (Daniel 9:9). El profeta Miqueas afirma que Él no tiene comparación cuando se trata de perdonar la maldad y olvidar el pecado (Miqueas 7:18).

En la oración universalmente conocida como “El Padre Nuestro”, enseñando a sus discípulos a orar, fue la instrucción de Jesús que debíamos pedir perdón a Dios en la misma proporción que nosotros somos capaces de perdonar a los que nos ofenden; añadió que cuando estemos orando debemos perdonar si tenemos algo contra alguien para que podamos pedir al Padre que perdone nuestra ofensas (Mateo 6:14-15). Su conclusión fue determinante: “no recibirá perdón aquél que se niegue a perdonar a su hermano que peque contra él” (Mateo 11:25).

El Maestro no sólo enseño a sus discípulos a orar, sino también a desarrollar su capacidad para mostrar el carácter de su Padre en todos los aspectos de la vida, incluyendo las relaciones humanas. Jesús invirtió una ingente cantidad de tiempo trabajando por el desarrollo de un espíritu compasivo y un sólido sistema de creencias en sus seguidores. Los evangelistas Mateo y Lucas registran que el Maestro abordó con sus discípulos una variedad de tópicos de orden espiritual, moral, práctico y ético. Se destacan sus enseñanzas sobre la oración, el perdón, el amor a los enemigos, la regla de oro, el juzgar a los demás, la obediencia, la sencillez, la humildad, la no discriminación, la integridad, la grandeza de servir, la tolerancia, la misericordia, el desprendimiento, el cultivo de las sanas amistades y la sanidad interior.

Jesucristo fue un modelo para sus seguidores sobre cómo lidiar con las personas que manifiestan conductas y actitudes negativas tales como el odio, la traición, la injusticia, la calumnia, la agresión física, etc. El odio y la calumnia de sus enemigos religiosos fueron contrarrestados con su integridad y autoridad; la negación de Pedro y la traición de Judas fueron compensadas con amor y misericordia; la injusticia y la agresión de los que le escarnecieron, golpearon y mataron, fueron neutralizadas con perdón y encomendando su causa al que juzga con justo juicio.

Una de las enseñanzas más contundentes sobre el perdón la compartió el apóstol Pablo a los efesios cuando les dijo: “Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad. En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:32). Esto nos enseña que para poder perdonar, las personas deben haber experimentado la sanidad interior que proporciona el perdón divino, pues a un alma enferma se le hace muy difícil perdonar. Reafirmando esto, escribió a los colosenses diciéndoles: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” (Colos. 12-13).

Cuando perdonamos se oxigena nuestra alma y entran en ella los rayos de luz que hacen florecer el amor de Dios en nosotros. Como líderes espirituales, necesitamos pedir todos los días a nuestro Maestro: “enséñanos a perdonar”.

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