La Misión Integral de la Iglesia

julio 9, 2017

Si en la actualidad Jesucristo viviera en la tierra, sin dudas estaría haciendo lo mismo que hizo durante sus tres años y medio de ministerio. Lucas narra que “…éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). Hoy Jesucristo estaría cumpliendo su misión de la misma manera que lo hizo cuando vivió entre los seres humanos. Esta misión fue asignada por su Padre, y él fue ungido por el Espíritu Santo para el cumplimiento de ella, según está profetizado en Isaías 61:1, 2.

Estando un día en la sinagoga, Jesús leyó esta profecía, y al finalizar dijo que ése día se había cumplido ésa escritura en medio de ellos. Lucas lo registró con las siguientes palabras: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. (Lucas 4:18-19). En esta profecía declara el carácter de integralidad que distinguiría la misión de Jesús.

Esta declaración profética entender que el Dios eterno asignó a Jesucristo una misión que implicaba buenas nuevas para todas las dimensiones de la vida humana, es decir, la Espiritual, Física, Socio-cultural y Psico-emocional; dimensiones en las que, de hecho, enfocó su ministerio.

En el texto de Lucas:

…los pobres” – son los que tienen cualquier tipo de carencias o impedimento, tanto en lo espiritual, físico, material o emocional.

…los quebrantados de corazón” – son los que tienen cualquier tipo de lesiones, heridas y enfermedades, tanto en lo emocional como en lo psico-afectivo.

…los cautivos” – son los que tienen todo tipo de cadenas, sean espirituales, físicas, sociales o sicológicas.

…los ciegos” – son los que padecen cualquier tipo de ceguera, tanto en lo espiritual, físico o cognitivo.

…los oprimidos” – son los que están bajo cualquier tipo de opresión, tanto en lo espiritual, físico, social o emocional.

Jesús reconoció que las personas tienen necesidades físicas como agua, comida, techo y abrigo, cuando dijo: “No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis” (Mateo 6:25). Los pobres son los que más carencias tienen. Según el informe Panorama Social 2015, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reportó que en esta región habían ciento setenta y cinco millones de personas pobres, de los cuales setenta y cinco millones vivían en condición de pobreza extrema (es decir, que sobreviven con menos de 1,90 dólares al día). El Dios eterno también reconoce que existen sistemas sociales que oprimen a las personas y les restringen la satisfacción de necesidades sociales como la libertad, la educación, la justicia y el acceso a bienes y medios de producción.

Los líderes cristianos necesitamos entender que, como parte fundamental del Evangelio, las iglesias deben implementar acciones de respuesta a las necesidades de los que viven en condición de pobreza material, especialmente de pobreza extrema. Nuestro Dios está buscando iglesias que anuncien su Reino en la región más desigual del mundo, y que no sean indiferentes ni den la espalda a los pobres e indigentes, pues el evangelio de Jesucristo es buena nueva para ellos.

Jesucristo es el agente del cielo que hizo posible el cambio del destino eterno de los pecadores, de condenación a vida eterna. Los seguidores de él somos los que ahora tenemos que mostrar al mundo la única puerta para reconciliarse con Dios. El Maestro utilizó dos comparaciones prácticas para dar a entender a sus discípulos su rol como agentes del reino de Dios en el mundo; les dijo: “Ustedes son la luz del mundo” y “Ustedes son la sal de la tierra”. Esto nos indica que la Iglesia, compuesta por los verdaderos seguidores de Jesucristo, es un agente de cambio con la solemne responsabilidad de hacer incidencia social, siendo la respuesta al auge de la maldad, la corrupción moral y la descomposición social que caracteriza a este mundo caído.

La principal función de la luz es disipar las tinieblas y detener su avance, exponiendo lo que está escondido en los lugares oscuros; entre tanto que, las principales contribuciones de la sal son resaltar el sabor natural, preservar y frenar el proceso de descomposición. Esto nos habla de que la intervención de la Iglesia en la vida humana tiene que producir resultados comparables a los que se esperan cuando se enciende una luz, es decir: la gente es liberada del dominio del poder de las tinieblas; y cuando se le agrega sal a algún alimento, es decir: la gente pasa de muerte a vida y su existencia adquiere verdadero sentido y relevancia.

La iglesia de hoy tiene que cumplir su misión con un enfoque integral para mantenerse relevante ante el patente derrotero de destrucción que lleva nuestro mundo. Cuando hablamos de incidencia nos estamos refiriendo a la repercusión que debe tener la existencia de la iglesia en el mundo. Con la analogía de la sal y la luz, el Maestro se refirió a lo contundente que debe ser el impacto de su Iglesia en el mundo; se espera que ocurran cambios significativos y distintivos en la vida de los que se pierden y son encontrados por Jesucristo.

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