El Padre Que Todos Necesitamos

junio 5, 2017

Cuando los creyentes utilizan el sustantivo Padre para referirse en oración al Dios eterno, me temo que muy pocos están conscientes de la magnitud y alcance de este apelativo conque consuetudinariamente llamamos al Dios en quien hemos creído; es posible que lo hagamos por repetición o porque así lo aprendimos en nuestras casas o en la iglesia donde nos enseñaron a orar. Hoy andan por el mundo muchos hijos sin padres, y muchos vástagos que teniendo padres biológicos nunca han disfrutado de su presencia, cariño y apoyo. Ser padre es un privilegio que muchos seres humanos no han sabido valorar, y un título que muchos otros no merecen llevar.

Lastimosamente, los hijos e hijas que han vivido la ausencia del amor de un verdadero padre o aquéllos que han sufrido el abuso o el abandono, tienen sus almas laceradas a tal punto que les es muy difícil entender este aspecto de la naturaleza divina. Nunca fue tan necesario para el ser humano la presencia de una figura paterna como cuando tenía entre los tres y los siete años de edad, cuando su personalidad estaba en formación; a la mayoría de los que les hizo falta una figura paterna que les fuera de referencia, les ha tocado el ser traspasados de muchos dolores. En Dios todos pueden encontrar el padre que nunca han tenido; Él ejerce su paternidad de manera responsable y es alguien para quien el bienestar de sus hijos e hijas reviste de una alta prioridad.

Exploremos en la Palabra de Dios esta cualidad del carácter de nuestro Dios; esto ayudará a fortalecer nuestra fe y a vigorizar nuestra comunión con Él:

  1. Tenemos un Dios Padre que es sensible. Por ser conocedor de nuestra condición de seres humanos imperfectos, Él se compadece de nosotros como se compadece un buen padre de sus hijos. Y aun cuando nuestros padres terrenales nos abandonen, tenemos en Dios a un Padre sensible a nuestras necesidades, quien nos recibirá en sus tiernos brazos y nos hará sentir seguros y confiados. Nuestra condición y comportamiento no cambia su naturaleza de Padre amoroso y sensible. En medio de nuestras tentaciones, Él puede compadecerse de nuestras debilidades, pues estando en forma humana Él fue tentado en todo, conforme a nuestra semejanza, y nunca cometió pecado.

  1. Tenemos un Dios Padre que es cercano y está siempre presente. Como buen padre, nuestro Dios está siempre cerca y presente; en Él tenemos quien nos orienta, guía, aconseja; quien nos enseña el discernimiento entre lo bueno y lo malo, y quien nos defiende en situaciones de vulnerabilidad. Podemos desarrollar con Él una relación de mucha confianza, a tal grado que podemos llamarle “Padre tierno” (Abba). Él es un Padre al que podemos acercarnos confiadamente, sabiendo que recibiremos de Él sólo cosas buenas. Para mantenernos cerca de Él y recibir los beneficios de su presencia sólo es necesario hacer lo que Él manda. Haciendo su voluntad podemos llegar a desarrollar con Él una relación de profunda familiaridad, siendo nuestra continua obediencia la gran prueba de nuestro amor por Él. Nuestro Dios con un amor inmutable, en el que no hay mudanza ni sombra de variación.

  1. Tenemos un Dios Padre que nos comparte de su heredad y de su esencia. Nuestro Dios nos hizo sus hijos e hijas en Jesucristo; de él recibimos de la esencia divina y por eso estamos completos en él; nada nos falta en Dios. También, nuestro Padre nos ha hecho herederos de Dios y coherederos con Cristo; sabemos que Él es un Padre que sólo hace promesas grandiosas y verdaderas, y que cumple lo que promete. Él es un Padre bueno y fiel que prolonga sus misericordias sobre sus hijos e hijas. Tengamos pendiente que su perfección reclama la madurez de sus hijos y la honra debida a su nombre. Como Él no hay dos; por eso se nos prohíbe llamar padre nuestro a nadie en la tierra. Hay un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, por todos y en todos. En Dios tenemos a un Padre en el que no corremos el riesgo de quedar huérfanos ni ser llamados bastardos.

Finalmente, tenemos un Padre de justicia al que podemos invocar cuando somos víctimas de imputaciones injustas. Sabemos que nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo, quien es nuestro abogado ante el Padre. Como buen Padre Él también nos somete a procesos disciplinarios para ejercitarnos en el cumplimiento de sus preceptos y de su voluntad.

Como Padre, nuestro Dios nunca nos expondrá al hambre, el frío o el abandono; su gracia estará siempre de nuestra parte y nos mostrará un amor incondicional que sobrepasará cualquier límite. Él no escatimó la vida de su Hijo Jesucristo para que nosotros recibiéramos su justificación y adopción. Su amor siempre será inigualable y su interés por nosotros infranqueable; su paternidad es perfecta, su amor inagotable y su misericordia duradera por siempre; un Padre como tal es el que todos necesitamos.

Estoy seguro que nuestra relación y comunión con Jesucristo cambiarán de manera significativa cuando lleguemos a comprender la paternidad de Dios como un aspecto distintivo de su naturaleza. Todos necesitamos tener un padre como Él, y aprender de Él a ser los padres que tanto nuestros hijos biológicos como espirituales necesitan.

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